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Homilética

El Hombre Exterior se Desgasta pero el Interior se Renueva

Lectura: 2 Cor  4:7-18

«Aunque se va desgastando nuestro hombre exterior, el interior, sin embargo, se va renovando de día en día.» (2 Cor 4:16)

Pablo utiliza una metáfora acertada para referirse a la finitud del cuerpo humano. El apóstol afirma que somos como vasos de barro. Frágiles y susceptibles de ser fracturados en cualquier circunstancia.

Los vasos de barro hacen alusión a la fragilidad de la naturaleza humana, a su temporalidad y a su vulnerabilidad.

En su experiencia como ministro del Señor, el apóstol ha aprendido que su vida, no es una excepción, y que al igual que en el resto, es una expresión de la debilidad y de la finitud humana.

A través de estos cuerpos, disminuidos ante las circunstancias adversas, el Señor manifiesta su poder. Un poder que nada tiene que ver con hechos de portento o de milagro, sino, con la gran capacidad que aporta la fe a la vida del cristiano para mantenerse incólume ante las adversidades. Es muy categórica la afirmación del apóstol en este sentido: «Estamos atribulados en todo, pero no angustiados; perplejos, pero no desesperados; perseguidos, pero no desamparados; abatidos, pero no destruidos.» (2 Cor 4:8-9).

Las circunstancias de contradicción en la vida de Pablo no pasan desapercibidas, y tienen un impacto dramático en su ánimo y en su salud. El poder de Dios no le sustrae del sufrimiento, no le priva de la experiencia de la susceptibilidad humana al dolor, sino que le da una perspectiva de esperanza y de vitalidad que le ayuda a inspirar una actitud de renovación en su vida y en la de los demás.

«Por tanto, no desmayamos; más bien, aunque se va desgastando nuestro hombre exterior, el interior, sin embargo, se va renovando de día en día. Porque nuestra momentánea y leve tribulación produce para nosotros un eterno peso de gloria más que incomparable; no fijando nosotros la vista en las cosas que se ven, sino en las que no se ven; porque las que se ven son temporales, mientras que las que no se ven son eternas.» (2 Cor 4:16-18).

El apóstol, en su enseñanza, hace uso frecuente de las paradojas para explicar la convivencia de la fragilidad humana con el poder del Señor.

El poder del Señor le ayuda a Pablo a mirar en profundidad, no lo que se ve, sino lo que no se ve. No lo que es temporal, sino lo que es eterno. Esta mirada en profundidad le da consuelo, le da esperanza, y le renueva día a día en su ser interior.

David ben José

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